Todos los lunes, Série Limitée da la palabra a un experto en bienestar. Esta semana, Catherine Malpas, naturópata y coach de estrategia nutricional, nos da las reglas de oro para mantener el hermoso resplandor de nuestra piel bronceada este otoño.

Regla #1: Purificar

Si tu piel es sensible, es mejor empezar por purificarla para esperar prolongar los efectos beneficiosos del sol y evitar lo que se llama en la jerga de la belleza, el efecto rebote de las imperfecciones. Bajo los efectos de los rayos UV-B, el acné a menudo se calma porque el sol es un poderoso antiinflamatorio. Pero ojo, puede empezar de nuevo porque el sol también favorece el engrosamiento de la piel. Las glándulas sebáceas se obstruyen entonces, lo que favorece la formación de comedones y el inevitable retorno del acné. Por eso se llama «efecto rebote».

Para evitar este fenómeno, es necesario reconstituir la película hidrolipídica (película protectora que cubre toda la superficie de la piel) cuya función es defender la piel contra las bacterias. Los aceites esenciales tienen un fuerte poder de regeneración celular. Adopta la zanahoria que purifica las glándulas sebáceas y repara las células de la piel dañadas por los rayos UV, el geranio egipcio por sus propiedades astringentes y tonificantes, la lavanda áspic que afinará la piel o incluso el árbol del té por su efecto calmante.

Regla #2: Hidratar

Después de la purificación, la hidratación es fundamental. La exposición prolongada al sol reseca la piel. No necesariamente nos damos cuenta de ello en vacaciones, por culpa de los cuidados solares y after sun que nos aplicamos a lo largo del día. Una vez en casa, hidratar la piel para evitar la descamación. Los aceites vegetales ricos en principios activos como el aloe vera, el aguacate, el coco (para una hidratación intensa) o las leches naturales enriquecidas con vitamina E ayudan a proteger las membranas celulares. Aplíquelos por la mañana y por la noche al menos para preservar la flexibilidad de la piel y mantener su bronceado.

La hidratación adecuada también se juega en el interior, bebiendo regularmente agua de baja mineralización como Volvic o Mont Roucous.

Regla n° 3: borrar

Exfoliar la piel no elimina el bronceado, contrariamente a la creencia popular. Una epidermis bien limpia no solo mantiene el bronceado por más tiempo eliminando la piel muerta, sino que también promueve una tez luminosa. Es en la capa más profunda de la epidermis donde se sintetiza la melanina. Una vez eliminadas las células muertas de la superficie de la piel, esta solo quedará sublimada y más luminosa.

Planifica exfoliar una o dos veces por semana con un producto de cereales o un cepillo y así evitar la piel de “cocodrilo”. La arcilla es el ingrediente esencial de la exfoliación, facial o corporal. Exfolia y elimina las impurezas respetando el equilibrio de la piel. Un poderoso aliado para suavizar, fortalecer y remineralizar tu piel.

Regla #4: Come bien

Si es fundamental mimar tu piel, no debes descuidar tu plato. Hacer las elecciones correctas de alimentos prolonga el bronceado. Piense en alimentos ricos en betacaroteno (un poderoso antioxidante) de color rojo anaranjado (zanahorias crudas, mangos, melones, albaricoques, batatas, tomates) así como vegetales verdes (berros, canónigos, perejil, espinacas, brócoli, diente de león). Para estimular la producción de melanina, favorece también el pescado azul rico en vitamina A, ácidos grasos omega-3 y selenio, para nutrir y proteger las membranas celulares. Consumirlo regularmente en buenas cantidades te ayudará a mantener un hermoso cutis bronceado por más tiempo.

También puede complementar el cuerpo durante un mes después del regreso con un curso de cápsulas o cápsulas enriquecidas con vitamina E, cartenoides, selenio y licopeno.

Regla n° 5: vitamina D esencial

Es indiscutiblemente un poderoso escudo protector, es el potenciador de las defensas inmunitarias, además de su papel en muchas reacciones metabólicas. Su carencia puede causar enfermedades graves y, sin embargo, el 80% de la población francesa es deficiente. La vitamina D puede ser aportada por los alimentos (pescados y mariscos grasos, yema de huevo, queso graso, hígado de ternera, etc.) y sintetizada por el organismo bajo la acción de los rayos UV-B sobre la piel. Prefiere D3, mejor sintetizado por el cuerpo porque está más cerca de la vitamina D natural.

El sol sigue siendo la fuente más importante de vitamina D. En verano, la exposición directa (sin protección solar y al menos en 1/3 de la piel) durante 10 a 20 minutos (según el tipo de piel), tres días a la semana, aporta la cantidad necesaria para el cuerpo.

En Francia, la vitamina D no se produce entre mediados de octubre y mediados de abril porque los rayos UV responsables de la síntesis de D3 (colecalciferol) ya no están suficientemente presentes, la posición del sol en este momento no permite garantizar suficiente consumo. Conclusión, ¡pasamos al menos seis meses del año en deficiencia o insuficiencia de vitamina D! De ahí la importancia de la suplementación (50 microgramos/día) para mantener un nivel entre 30 y 70 nanogramos/ml de sangre.

Además de todos los beneficios enumerados anteriormente, un buen nivel de vitamina D calmará la piel de manera significativa y limitará el fenómeno de la piel seca, la irritación o la picazón, tantos obstáculos para mantener el bronceado…

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catalina malpas