Maquilladora habitual de las mayores estrellas de la moda y del 7º arte, también es una consumada empresaria al frente de su marca de cosméticos. Después del notable lanzamiento de este último en Sephora, recuerda su viaje.

Cálida, habladora y cualquier cosa menos una diva, Charlotte Tilbury nos recibe en una amplia suite en el Ritz, en París, donde ha arreglado maravillosamente los muchos éxitos de belleza que han ayudado a construir su imperio cosmético. Entre dos tazas de té, cuenta las líneas maestras de su extraordinaria carrera. Si su acento y su impecable tez de porcelana sugieren a una chica británica pura, esta talentosa artista del pincel vivió toda su infancia en Ibiza. Cuando tenía 9 meses, sus padres volaron a Isla Blanca: su padre era artista, su madre trabajaba en producción en sociedad con muchas casas de moda y la joven Charlotte se vio rodeada de todo tipo de personalidades con un fuerte potencial creativo. Durante esta infancia bohemia y soleada, agudizó su particular ojo para la belleza. Descubre las noches del mítico Ku Club donde actúa Grace Jones, se encuentra regularmente con miembros de los Rolling Stones y Queen. “Este estimulante universo me ayudó a crear mis propias inspiraciones; desde mis años más jóvenes, sentí fascinación por el maquillaje y su poder de empoderamiento”, explica. También fue en Ibiza donde conoció a Mary Greenwell, una ilustre maquilladora que impulsaría su carrera y se convertiría en su mentora: de vuelta en Londres, se convirtió en su asistente.

Su inigualable talento hará el resto. Descubierta rápidamente por los conocedores de la moda, se convirtió en una de las maquilladoras esenciales del planeta de la moda: se sucedieron colaboraciones con publicaciones prestigiosas y fotógrafos de renombre, desde Mario Testino hasta Annie Leibovitz, pasando por Mert & Marcus. Viajando por el mundo al ritmo frenético de las semanas de la moda, crea looks de belleza memorables para las casas más importantes, incluidas Prada, Miu Miu, Lanvin, Chloé y Alexander McQueen, por nombrar algunas. Con varias puntas, se destaca de muchas otras estrellas de los pinceles, a menudo confinados a una especialidad: “He colaborado con muchas marcas, incluidas Helena Rubinstein y Tom Ford como director creativo. Tuve una carrera muy completa, en la encrucijada de desfiles de moda, alfombras rojas y editoriales con los grandes players de la industria. Conocía todas las facetas del maquillaje y la belleza, y creo que ese es uno de mis puntos fuertes”, reconoce sin falsa modestia.

Unos “Cheek to Chic”: rubores que iluminan las pieles apagadas
Algunos “Cheek to Chic”: rubores que iluminan la piel apagada – © RD

exito viral

¿La última cuerda que falta en su arco? La creación de su propia gama de maquillaje, un proyecto faraónico que inauguró en 2013 tras varios años de maduración en su proceso creativo. Productos tan refinados como efectivos que rápidamente se vuelven indispensables para todas las esteticistas del otro lado del Canal. Empezando por su Charlotte’s Magic Cream, un elixir impactante que nace tras bambalinas en los desfiles de moda, cuya génesis cuenta estallando con su risa sonora y comunicativa. “La piel de las modelos fue literalmente destruida, con un frenético cronograma de hasta 50 shows en unos pocos días, con constante desmaquillado y remaquillado que causaba reacciones en la piel. ¡Obtener resultados saludables y resplandecientes fue un verdadero desafío! Quería crear una crema que funcione para la mayoría de los tipos de piel, que dé un efecto regordete, radiante y radiante. Inicialmente, artistas y modelos que conocía me lo pidieron, y se volvió viral, con un éxito increíble.

La famosa Crema Mágica
La famosa Crema Mágica – © RD

Entre sus mayores éxitos se encuentran los labiales Hot Lips, que llevan el nombre de las famosas musas que la inspiraron, entre ellas Jennifer Aniston, JK Rowling, Miranda Kerr y Nicole Kidman. Tratamientos de culto inspirados en sus encuentros más memorables, pero también en su infancia mediterránea: “Rindo homenaje a Ibiza en algunos de los envases de mis productos donde aparece Tanit, la diosa de la isla blanca. También honré la arcilla, especialmente en mi Goddess Skin Clay Mask. Aprendí a descubrir sus infinitas virtudes en Ibiza, donde recogíamos el barro en la playa de S’Espalmador, para elaborar nuestros propios ungüentos de belleza y nuestros remedios medicinales caseros. También llamé a mis Beach Sticks por mis lugares favoritos como Es Vedra y Las Salinas.»

El anuncio de la llegada de sus productos en exclusiva a Sephora creó el evento, sobre todo en las redes sociales donde cuenta con cientos de miles de seguidores. ¿Cómo ve este pionero la evolución 2.0 de la industria cosmética? “Para mí, es otra forma de interactuar con mi audiencia, extremadamente lúdica e instantánea. Para comunicar sobre mis nuevos productos y eventos de mi marca, las redes sociales permiten una fuerza de choque extraordinaria. Pero sigo siendo un amante de las revistas y el papel. Colecciono números atrasados ​​de mis títulos favoritos, y el quiosco es una visita obligada cada vez que voy”.

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