Todos los lunes, Série Limitée da la palabra a un experto en bienestar. Esta semana, Agathe Jacquinet, creadora de fragancias y fundadora de Ajnalogie, nos explica cómo el sentido del olfato influye en nuestro bienestar diario.

Cuando observamos el camino neurológico del olfato, encontramos que sigue el de las emociones hasta el cerebro límbico, el centro de las emociones y la memoria. De esta manera, los olores tienen un impacto en nuestras emociones y nuestra memoria (¡la famosa magdalena de Proust!), esto se llama aromacología.

Los olores son recibidos por el bulbo olfativo, compuesto por miles de receptores. Transforman moléculas olorosas en mensajes enviados al sistema límbico. Estos mensajes luego se transmiten al hipotálamo y al tálamo. El hipotálamo es el responsable de los mecanismos inconscientes que aseguran la supervivencia de nuestro organismo. Por lo tanto, un olor puede influir en nuestra energía, nuestra respiración, nuestro sueño y nuestro deseo. El tálamo, por su parte, gestiona la conciencia: el lenguaje, la creatividad y el razonamiento, que también puede adaptarse a un olor. Para ir más allá, los olores también se utilizan en terapia. Se trata de la olfatoterapia, un método fisio-corporal-energético que utiliza los olores y sus vibraciones para ayudar a liberarse de bloqueos y recuperar el equilibrio emocional.

¿Qué olores para qué impactos?

– Para reducir el estrés y la ansiedad: vainilla. La investigación de la Fundación de Investigación y Tratamiento del Olor y Gusto de Chicago ha demostrado que el 92% de las personas que inhalan el aroma de la vainilla ven que sus marcadores de nerviosismo y estrés disminuyen significativamente. Por tanto, parece que la vainilla provoca ondas alfa, un ritmo fisiológico caracterizado por un estado de calma. Aún mejor, la vainilla comparte una molécula con la leche materna: la vainillina. El olor a vainilla puede así sumergirnos instantáneamente en la despreocupación de nuestra infancia, en los brazos de nuestra madre.

– Para potenciar tu deseo: nardo. Esta flor blanca narcótica con un aroma cautivador puede inspirar sensualidad.

– Para fomentar la confianza en uno mismo: cedro. Su olor a madera seca siempre ha sido símbolo de fuerza, majestuosidad y respeto. Asociado al incienso, este dúo concentra nuestra energía, la aumenta y la magnifica.

– Para simplificar su entrada en meditación: el palo santo. Madera sagrada con un aroma anisado y lechoso, ayuda a aclarar la mente mientras actúa como un purificador de energía. Su olor invita a relajarse y entrar en meditación.

– Para regenerar: hierbabuena. Ayuda a combatir las migrañas o las náuseas y estimula el cuerpo y la mente.

Una breve historia del perfume.

El nacimiento del perfume se produce conjuntamente con el descubrimiento del fuego, 8500 años antes de Cristo. En ese entonces, los humanos quemaban sustancias aromáticas para comunicarse con los dioses y «per-fumum» significa «a través del humo» en latín. En la Edad Media, se reconocía que el perfume tenía virtudes medicinales y los perfumistas boticarios tenían el papel de curanderos en la sociedad. Tratan con composiciones fragantes a base de lavanda, romero o incluso salvia. Estos remedios virtuosos protegen contra los malos olores, signos de enfermedad. A principios del siglo XIX, un decreto trastocó la profesión. Es necesaria una separación para promover el desarrollo de la farmacopea química. Los perfumistas ya no pueden ser boticarios, deben reinventarse y lo están haciendo con éxito. El perfume se convierte entonces en un lujoso objeto de deseo, aguas preciosas encerradas en frascos sublimes. Luego, en el siglo XX, nació la era de la estandarización, las botellas ya no eran únicas sino producidas en masa, los perfumes se producían con materiales sintéticos mucho menos costosos. Esto es perfumería moderna. Desde 1990 ha dejado un pequeño espacio para la perfumería de autor, conocida como perfumería nicho, que está experimentando un crecimiento muy fuerte. Destaca el saber hacer de perfumistas talentosos con aromas originales.

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