Todos los lunes, Série Limitée da la palabra a un experto en bienestar. Esta semana, Catherine Malpas, coach de naturofatos y estrategia nutricional, autora de «Haz las paces con tu plato» (ed. por La Martinière), nos explica cómo ciertos alimentos pueden causar inflamación causando problemas digestivos y dificultando la pérdida de peso.

¿Has probado de todo para perder peso… sin éxito? Así que probablemente tengas un problema de inflamación relacionado con tu dieta y más concretamente con las lectinas. De hecho, la primera causa de inflamación está en nuestro plato… ¡porque «somos lo que comemos»! Todo lo que comemos afecta nuestra salud. La buena noticia es que este estado inflamatorio prolongado es fácilmente manejable cambiando el contenido de su plato.

Las lectinas, que incluyen el gluten, son toxinas vegetales secretadas por las plantas para protegerse de sus depredadores. Uno de los grandes descubrimientos de los últimos años en el campo del sobrepeso y la obesidad es la identificación del carácter inflamatorio de las lectinas, ya que aumentan la producción en nuestro organismo de citocinas (moléculas inflamatorias) y disminuyen las de adiponectina (moléculas antiinflamatorias). Una vez absorbidos en los alimentos, se unen principalmente a los carbohidratos para atravesar el sistema digestivo sin pasar por la sangre, impidiendo la absorción de nutrientes y favoreciendo el almacenamiento de azúcar en el tejido adiposo, lo que debilita el sistema inmunológico. El libro publicado en 2017 por el Dr. Steven Gundry, La paradoja de las plantas, explica el poder nocivo de las lectinas sobre intestinos ya debilitados. Las lectinas, al unirse a los receptores de leptina (hormona de la saciedad) e insulina (hormona de almacenamiento de grasa), confunden nuestros sistemas de control y evitan la pérdida de peso. La inflamación de bajo grado (reacción inflamatoria sin signos clínicos) aumenta la masa grasa y más particularmente la grasa abdominal. Por lo tanto, es imposible recuperar o mantener un peso justo (equilibrio entre todas las masas corporales) sin eliminar la inflamación de los tejidos. En principio, el propio organismo procede a la eliminación de sus desechos por la piel, los riñones, el hígado, los pulmones y los intestinos. Pero a veces, su acumulación es demasiado grande y el cuerpo ya no puede hacerle frente.

Y nuestra microbiota intestinal no dice gracias. El sistema digestivo es el primero en verse afectado por los procesos inflamatorios: hinchazón, flatulencia, diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos. El metabolismo está alterado: aumento de peso inexplicable, migrañas, dolores musculares y/o articulares, problemas en la piel (eccema, psoriasis, acné) y, a menudo, un gran cansancio sin causa real.

No son los alimentos los que están en cuestión aquí, sino la forma en que son «producidos». Por razones de costo, la gran mayoría de las plantas se cosechan antes de la madurez y se almacenan en almacenes, gaseadas con etileno que facilita el crecimiento de las plantas. Pero ahora, las plantas no son pequeños seres indefensos… Tienen superpoderes para resistir a sus depredadores. A diferencia de los animales, no pueden huir para escapar de un depredador o de malas condiciones ambientales. Por eso, cuando están en peligro, producen toxinas que consumimos en grandes cantidades.

Desintoxicar el cuerpo es un paso esencial para mantener la salud y mantener un peso justo. Cuando elimina los ‘agentes inflamatorios’ (en este caso, las lectinas) de su dieta, su cuerpo ya no tiene que dedicar toda su energía a ‘apagar el fuego de la inflamación’. Puede entrar en modo de «reparación» y liberar el exceso de grasa. Dado que todos somos únicos, es complicado definir un estándar dietético perfecto para cada individuo. Tanto es así que «comer bien» puede convertirse en un auténtico quebradero de cabeza… Sobre todo porque es prácticamente imposible evitar por completo las lectinas, ya que están presentes en nuestra dieta: en cereales como el trigo, legumbres, cacahuetes pero también en frutas y verduras. como tomates, berenjenas, pimientos…

Aquí hay tres consejos para adaptar su dieta si siente los efectos nocivos de las lectinas:

– Limitar, o incluso eliminar durante 3 meses, los alimentos más ricos en lectinas.

A saber: cereales (trigo, maíz, arroz, especialmente en la versión completa – los cereales integrales contienen más lectinas) pero también legumbres (lentejas, garbanzos, soja…), verduras (calabazas, calabacines, calabazas, tomates, berenjenas, patatas) , carnes (animales alimentados con cereales), frutas (fuera de temporada), leche que contiene caseína A1 (la A2 contenida en la leche de oveja, cabra, búfala y algunas vacas alimentadas con pasto no causa problemas digestivos).

– Elimina todos los alimentos procesados, que además son ricos en lectinas.

– Favorecer alimentos bajos en lectinas: verduras de hoja verde (espinacas, hinojo, lechuga, escarola…), crucíferas (todas las coles y brócoli y champiñones), tubérculos (boniato, yuca), aguacate, aceite de aguacate, aceite de oliva, no – Pescados y mariscos orgánicos alimentados con cereales.

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catalina malpas