Todos los lunes, Série Limitée da la palabra a un experto en bienestar. Esta semana, Catherine Malpas, naturópata y coach de estrategia nutricional, explica cómo comprender mejor este ecosistema tan particular.

Hace unos años, el término «microbiota» era completamente desconocido, incluso para los profesionales de la salud. Ahora reconocemos un papel fisiológico importante para la microbiota intestinal, hasta el punto de que se considera un órgano por derecho propio.

El intestino juega un papel eminentemente importante a nivel nervioso ya nivel inmunológico. Se origina en el mismo tejido embrionario que el cerebro y se comunica a través del sistema nervioso autónomo simpático y parasimpático. Por lo tanto, la conexión cerebro/intestino está claramente establecida. Nuestro cerebro está bajo la influencia de 100 billones de bacterias, los microorganismos que habitan en nuestro tracto digestivo.

Es un gran ecosistema que absolutamente hay que mimar. Porque si las cuidamos, nuestras bacterias intestinales podrían convertirse en nuestras medicinas del mañana.

Rico en células inmunitarias, también desempeña un papel destacado en alergias, enfermedades inflamatorias y enfermedades autoinmunes. Los problemas médicos relacionados con nuestra flora intestinal son inmensos: diabetes, obesidad, cánceres, alergias, depresión…

La vida del intestino no es un largo río tranquilo, sino un «cuento de tripas» capaz de hacernos felices o infelices…

Cuida tu flora

Nuestra flora intestinal es capaz de modificar nuestra conducta alimentaria. Las bacterias que invaden un intestino cuya flora original ha sido destruida se comportan como parásitos y pueden obligarnos a consumir los alimentos que les encantan: el azúcar y el alcohol.

El colon también se ve afectado, lo que puede provocar un desequilibrio: una flora de fermentación decreciente y una flora de putrefacción creciente. De ahí la importancia de cuidar tu flora evitando todo aquello que irrite el intestino: lectinas (toxinas contenidas en ciertas plantas), café, té, alcohol, chicles, medicamentos… ¡Por no hablar del estrés!

Todo lo que comemos y bebemos afecta a la composición y diversidad de nuestra microbiota, nuestro ecosistema, y ​​puede tener un impacto rotundo en nuestra salud.

Optimiza tu estilo de vida

– Practicar más ejercicio físico de intensidad moderada (el esfuerzo físico violento desequilibra la flora).

– Toma aire, respira.

– Tómese el tiempo para masticar.

– Evitar el exceso de azúcares refinados responsables de los fenómenos de fermentación.

– Reducir las grasas saturadas y las grasas procesadas.

– Reducir las carnes rojas, cuyo exceso puede inducir la actividad enzimática bacteriana y, en consecuencia, la putrefacción.

– Evite el alcohol.

– Aumentar el consumo de agua y fibra: comer al menos 2 frutas diferentes y 3 verduras diferentes al día, productos frescos de temporada de agricultura ecológica.

– Repoblar y nutrir la flora intestinal con probióticos, microorganismos vivos que estimulan el sistema inmunológico.

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catalina malpas